Prueba de esfuerzo en Mallorca
Rehabilitación Cardiaca Mallorca

Cuidar el corazón: ¿medicamentos o ejercicio?

Cuando pensamos en cuidar el corazón, lo primero que suele venir a la mente son los medicamentos para la tensión arterial, el colesterol o el azúcar.
Sin embargo, existe una herramienta igual de importante y con un impacto muy amplio sobre la salud cardiovascular: el ejercicio físico regular.

La cuestión no es elegir entre uno u otro, sino comprender qué aporta cada uno y por qué se complementan.

¿Qué hacen los medicamentos?

Los medicamentos cardiovasculares son fundamentales cuando están indicados:

  • Reducen el riesgo de infarto, ictus y otras complicaciones.
  • Ayudan a controlar la presión arterial, el colesterol o la coagulación.
  • Protegen el corazón, especialmente después de un evento cardiovascular.

Son esenciales y salvan vidas, pero no mejoran de forma directa la capacidad física ni la tolerancia al esfuerzo.

¿Qué hace el ejercicio?

El ejercicio físico regular actúa de forma global sobre el organismo:

  • Hace que el corazón trabaje con menos esfuerzo.
  • Mejora la tolerancia al ejercicio y reduce el cansancio.
  • Fortalece los músculos y el metabolismo.
  • Ayuda a controlar el azúcar, el peso corporal y la inflamación.

Por eso, con el tiempo, actividades cotidianas como caminar rápido, subir escaleras o ir en bicicleta se vuelven más fáciles.

Estos beneficios aparecen tanto en personas sanas como en pacientes con enfermedad cardiovascular, especialmente cuando el ejercicio forma parte de programas de rehabilitación cardíaca.

Ejercicio y medicamentos: cómo se complementan

EjercicioMedicamentos
Previenen eventos cardiovasculares
Mejoran la capacidad físicaNo
Aumentan la autonomía diariaVariable
Actúan sobre la presión y el colesterolIndirectamenteDirectamente

Idea clave:
Los medicamentos reducen riesgos concretos.
El ejercicio reduce riesgos y, además, fortalece el organismo.

La capacidad física (VOmáx) importa

La capacidad física, también conocida como VOmáx, refleja cuánto oxígeno puede utilizar el cuerpo durante el esfuerzo.

Es uno de los mejores indicadores de salud cardiovascular y de pronóstico, tanto en población general como en pacientes tras un infarto.
Mejorar la capacidad física, incluso de forma modesta, se asocia con vivir más años y con mejor calidad de vida.

Por este motivo, mejorar la capacidad funcional es uno de los objetivos principales tanto en prevención como en rehabilitación cardíaca.

¿Cuánto ejercicio hay que hacer para cuidar el corazón?

Para obtener beneficios cardiovasculares no es necesario hacer deporte intenso.

Ejercicio aeróbico

  • Al menos 150 minutos por semana
  • Por ejemplo: 30 minutos, 5 días a la semana
  • Intensidad moderada: permite hablar, pero no cantar
    (caminar rápido, bicicleta, nadar suave, bailar)

Ejercicio de fuerza

  • 2–3 días por semana
  • Intensidad ligera o moderada
  • Objetivo: mantener fuerza, estabilidad y autonomía, no levantar grandes pesos

Este enfoque es válido tanto para personas sin enfermedad cardiovascular como para pacientes en fase de recuperación tras un infarto, siempre con las adaptaciones necesarias.

Ejercicio tras un infarto: ¿es seguro?

Sí. El ejercicio es una parte esencial del tratamiento tras un infarto cuando se realiza de forma progresiva, personalizada y supervisada.

La rehabilitación cardíaca combina ejercicio, educación y seguimiento médico, y ha demostrado:

  • Reducir el riesgo de nuevos eventos cardiovasculares.
  • Mejorar la capacidad física (VO₂máx).
  • Aumentar la calidad de vida y la supervivencia a largo plazo.

Por eso, hoy en día, el ejercicio no se considera un complemento opcional, sino una parte del tratamiento.

Mensaje de fin de año

Aviso informativo

Este artículo está dirigido a pacientes y público general y no sustituye la valoración médica individual ni las recomendaciones de su profesional sanitario. Antes de iniciar un programa de ejercicio, especialmente tras un evento cardiovascular, consulte con su médico.

El contenido y las recomendaciones generales aquí expuestas se apoyan en evidencia científica sólida y en guías de práctica clínica de sociedades médicas internacionales.

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