El ejercicio es una de las intervenciones más beneficiosas que existen. Pero no todas las personas comienzan en iguales condiciones, y unas pocas necesitan una valoración médica antes de empezar. Un cuestionario permite estimar quiénes son.
El beneficio es enorme. El riesgo, muy pequeño pero real
La actividad física tiene muchos efectos sobre la salud, reduce la mortalidad, previene la diabetes, mejora la tensión arterial y protege el corazón. Nada de eso está en discusión. Sin embargo, existe una paradoja bien documentada: el esfuerzo intenso puede desencadenar un evento cardíaco en personas predispuestas, precisamente mientras hacen algo que a largo plazo les protege.
Los números ayudan a poner esto en perspectiva. En deportistas recreacionales, la incidencia de parada cardíaca o muerte súbita durante el ejercicio se sitúa entre 0,02 y 13 casos por cada 100.000 personas y año, según los registros publicados en las últimas cuatro décadas (Zhang 2026, ref. 5). Es un riesgo bajo. Pero no es cero, y no se reparte al azar.
Más del 90% de los casos ocurren en varones, con una edad mediana entre 50 y 60 años, y la causa principal es la enfermedad coronaria, no las alteraciones hereditarias del corazón. (Zhang 2026, ref. 5)
Ese dato es el que cambia el enfoque. Si el problema fueran las miocardiopatías congénitas, haría falta un electrocardiograma a todo el mundo. Pero como la causa dominante en el adulto recreacional es la enfermedad coronaria asociada a factores de riesgo modificables, lo que realmente identifica a las personas vulnerables es la historia clínica: qué síntomas tiene, qué enfermedades conoce, cuánto ejercicio hace ya y qué factores de riesgo acumula. En España, los estudios forenses confirman este mismo patrón (Morentin 2021, ref. 7).
Por qué un cuestionario bien diseñado funciona
Un cuestionario de cribado no diagnostica nada. Su función es otra: separar a la mayoría de las personas que pueden empezar a moverse con tranquilidad de la minoría que debería pasar antes por una consulta médica.
Para hacerlo bien, necesita valorar cuatro cosas (Riebe 2015, ref. 3):
— Si la persona ya es físicamente activa o parte de una situación sedentaria.
— Si tiene alguna enfermedad cardiovascular, metabólica o renal conocida, y si está bajo control.
— Si presenta síntomas de alarma, como dolor torácico de esfuerzo, mareo, palpitaciones o dificultad respiratoria desproporcionada.
— Qué factores de riesgo cardiovascular acumula: tensión, colesterol, tabaco, diabetes, antecedentes familiares, edad y peso.
Y necesita cruzar todo eso con una quinta variable que a menudo se olvida: qué intensidad de ejercicio quiere hacer la persona. No es lo mismo caminar treinta minutos que empezar a correr series (ACSM 2021, ref. 2).
El cuestionario combina respuestas generando diferentes perfiles y cada uno tiene una recomendación sobre la intensidad, si necesita valoración médica o si conviene una prueba de esfuerzo.
La diferencia entre sedentario y activo importa más de lo que parece
Un estudio clásico que sigue citándose en las guías actuales encontró que las personas que hacían ejercicio intenso menos de una vez por semana multiplicaban por 107 su riesgo de infarto durante el esfuerzo, comparado con el reposo. En quienes entrenaban al menos cinco veces por semana, ese mismo esfuerzo apenas multiplicaba el riesgo por 2,4 (Mittleman 1993, ref. 6).
El mensaje no es que el ejercicio intenso sea peligroso. Es que empezar de golpe, sin base previa y sin valoración, sí lo es en determinados perfiles. La guía alemana de 2025 lo señala expresamente: los adultos sedentarios que inician entrenamiento de alta intensidad afrontan un riesgo significativamente mayor de eventos cardíacos y lesiones musculoesqueléticas (Joisten 2025, ref. 4). Por eso un buen cuestionario trata de forma distinta a quien lleva años entrenando y a quien vuelve después de una década parado.
Qué añade el médico cuando el cuestionario lo recomienda
Un cuestionario es una anamnesis dirigida: recoge lo que la persona sabe de su propia salud, y ahí está su límite. Según el caso, el médico puede recurrir a la exploración física, el electrocardiograma, el ecocardiograma o la prueba de esfuerzo.
De todas ellas, la prueba de esfuerzo es la única que evalúa al corazón haciendo aquello que se quiere autorizar. Las guías la reservan para quienes inician ejercicio intenso desde el sedentarismo, para perfiles de alto riesgo y para pacientes con enfermedad conocida (Joisten 2025, ref. 4; Pelliccia 2021, ref. 1). Aporta además el VO2máx, que cuantifica la condición física y predice la mortalidad con más fuerza que el tabaquismo, la hipertensión o la diabetes (Ross 2016, ref. 8). Sirve así para tres cosas: valorar el riesgo durante el esfuerzo, medir la condición física de partida y establecer las intensidades de entrenamiento.
No todo el mundo necesita todas las pruebas. Decidir quién puede necesitarlas es exactamente la función del cuestionario.
En qué se basa este cuestionario
El cuestionario que encontrará al final de este artículo se ha elaborado siguiendo las recomendaciones de las principales sociedades científicas internacionales en medicina del deporte y cardiología preventiva.
Concretamente, su estructura y su lógica de decisión se apoyan en:
— Las guías de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) sobre cardiología del deporte y ejercicio en pacientes con enfermedad cardiovascular (Pelliccia 2021, ref. 1).
— Las recomendaciones del American College of Sports Medicine (ACSM), que introdujeron el modelo escalonado según actividad habitual, enfermedad conocida e intensidad deseada (Riebe 2015, ref. 3; ACSM 2021, ref. 2).
— La guía de consenso alemana de 2025, avalada por dieciséis sociedades médicas, dirigida específicamente a adultos sanos que quieren empezar o retomar el ejercicio (Joisten 2025, ref. 4).
— La evidencia más reciente sobre cribado en deportistas recreacionales, que ha desplazado el enfoque desde el electrocardiograma universal hacia una valoración individualizada según riesgo (Zhang 2026, ref. 5).
Conviene aclarar un punto: que un cuestionario se base en estas guías no significa que esas sociedades lo hayan validado formalmente. Ninguna sociedad científica avala herramientas individuales. Lo que sí puede decirse es que las preguntas, los umbrales y las recomendaciones que genera son coherentes con lo que esas guías establecen.
Qué hace y qué no hace
Este cuestionario le dirá si puede empezar a entrenar con tranquilidad, si conviene que hable antes con su médico, o si debe detenerse y consultar de forma preferente. También le orientará sobre si una prueba de esfuerzo puede aportarle algo, ya sea por seguridad, para conocer su capacidad aeróbica o VO2máx, o para recomendar las intensidades de entrenamiento.
Lo que no hace es diagnosticar, sustituir una consulta médica ni autorizar ningún tipo de actividad. Es una herramienta de orientación. Si sus respuestas señalan que necesita una valoración, hágala. Y si tiene dudas sobre cómo responder a alguna pregunta, consúltelo con un profesional.
La finalidad no es apartar a nadie del ejercicio. Es exactamente lo contrario: que la inmensa mayoría pueda empezar sabiendo que está haciendo lo correcto, y que la minoría que necesita una revisión previa la haga a tiempo.
Realizar el cuestionario → Cuestionario cardiovascular previo al ejercicio
15 preguntas · 3 minutos · Uso orientativo
Referencias
1. Pelliccia A, Sharma S, Gati S, et al. 2020 ESC Guidelines on sports cardiology and exercise in patients with cardiovascular disease. Eur Heart J. 2021;42(1):17-96. doi:10.1093/eurheartj/ehaa605
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32860412
2. American College of Sports Medicine. ACSM’s Guidelines for Exercise Testing and Prescription. 11ª ed. Wolters Kluwer; 2021.
3. Riebe D, Franklin BA, Thompson PD, et al. Updating ACSM’s Recommendations for Exercise Preparticipation Health Screening. Med Sci Sports Exerc. 2015;47(11):2473-2479. doi:10.1249/MSS.0000000000000664
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26473759
4. Joisten C, Hirschmüller A, Bauer P, et al. Sports Preparticipation Evaluation for Healthy Adults: A Consensus-Based German Guideline. Sports Med. 2025;55(8):1827-1851. doi:10.1007/s40279-025-02230-5
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40608238
5. Zhang W, Chen M, Huang H, Sheng P, Liu Y. Cardiovascular Screening and Clearance Pathways for Recreational Athletes: Beyond the Elite. JACC Case Rep. 2026;31(28):107653. doi:10.1016/j.jaccas.2026.107653
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42065696
6. Mittleman MA, Maclure M, Tofler GH, Sherwood JB, Goldberg RJ, Muller JE. Triggering of acute myocardial infarction by heavy physical exertion. Protection against triggering by regular exertion. Determinants of Myocardial Infarction Onset Study Investigators. N Engl J Med. 1993;329(23):1677-1683. doi:10.1056/NEJM199312023292301
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/8232456
7. Morentin B, Suárez-Mier MP, Monzó A, Ballesteros J, Molina P, Lucena J. Sports-related sudden cardiac death in Spain. A multicenter, population-based, forensic study of 288 cases. Rev Esp Cardiol (Engl Ed). 2021;74(3):225-232. doi:10.1016/j.rec.2020.05.044
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32920001
8. Ross R, Blair SN, Arena R, et al. Importance of Assessing Cardiorespiratory Fitness in Clinical Practice: A Case for Fitness as a Clinical Vital Sign: A Scientific Statement From the American Heart Association. Circulation. 2016;134(24):e653-e699. doi:10.1161/CIR.0000000000000461
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27881567
Este artículo se ha apoyado con asistencia de inteligencia artificial (Claude, de Anthropic) para la redacción y la búsqueda bibliográfica, sobre la base de guías de la ESC, el ACSM y literatura reciente. El enfoque, la revisión clínica y la comprobación de las referencias son del autor.

